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sexta-feira, 7 de novembro de 2008

La crisis del Capital

Lo propio del capitalismo, a diferencia de lo que sostienen sus apologistas liberales, es el estar desgarrado por profundas contradicciones que no pueden ser resueltas en la lógica de la acumulación privada. El hecho de que quienes todo lo producen nada tienen, constituye la base misma de todas las grandes tragedias, guerras y muertes que produce el Capital. Una de las manifestaciones más claras de estas contradicciones son las constantes y cada vez más profundas crisis por las que atraviesa a nivel global. El desequilibrio estructural de este modo de producción, que se reduce en última a la contradicción existente entre una producción socializada y unas ganancias privatizadas, se materializa en crisis de sobreproducción y subconsumo que se producen cíclicamente cada 5-7 años. Una crisis de esta naturaleza es la que se desató recientemente en las bolsas norteamericanas y europeas. El derrumbe de grandes mercados interconectados, la depresión de los sistemas industriales, el aumento de la capacidad instalada no utilizada y del desempleo son pruebas patentes de que el actual modo de producción está llegando a su fecha de caducidad y comienza a hacer agua por todos lados. El sistema económico global está crujiendo en sus mismas bases. Las causas de la crisis El desplome de los valores en Wall Street y en las principales bolsas del mundo no se dio fortuitamente. La explosión de la burbuja especulativa que se había creado en torno al mercado inmobiliario norteamericano, y que provocó un contagio masivo a todos los sectores de la economía a nivel internacional, no se produjo por una simple desconfianza del mercado en la liquidez de los bancos o en su capacidad de recuperar los préstamos hipotecarios otorgados irresponsablemente por las generosas tasas de intereses impuestas por la Reserva Federal. No. El análisis de las causas de la crisis financiera debe partir de la consideración de todos los elementos que configuraron la formación de esa burbuja especulativa. Debe desentrañar las raíces mismas de las depresiones del capitalismo. Esta crisis ya no puede solucionarse con simples dosis homeopáticas de intervención estatal para tranquilizar a los dueños del dinero. Exige soluciones radicales. Es que las causas de la crisis están enterradas en lo más profundo del funcionamiento del sistema capitalista. La búsqueda por ganar la competencia entre los capitalistas hace que el Capital impulse racionalizaciones productivas que tienden a modificar la composición orgánica del capital en el sentido de otorgar más peso al capital constante (máquinas y materias primas, principalmente) que al variable (el salario de los trabajadores), es decir, a sustituir la fuerza de trabajo por máquinas con mejor tecnología que aportan productividad al proceso, con lo cual consiguen producir más, mejor y más barato. Estas medidas chocan con la necesidad de expansión del Capital, al reducir el número de consumidores para la mayor cantidad de productos ofrecidos a partir de la racionalización productiva. Los trabajadores sustituidos por máquinas se ven excluidos en gran medida del mercado ya que quedan sin trabajo y, por ende, sin salario y capacidad de consumo, lo que deriva en una situación en la cual se combinan en cóctel explosivo el subconsumo y la sobreproducción. El capital no puede valorizarse, los empresarios no reciben ganancias porque las mercancías se producen cada vez con menos valor y esto hace que la plusvalía se reduzca y caiga la tasa de ganancia; tampoco pueden recuperar sus inversiones, y la economía entra en fase de crisis. Para salir del atolladero el capital prepara varias alternativas: La expansión por la vía del imperialismo con la obtención de mercados coloniales para dar salida a la producción invendible, la intervención del Estado para salvar al capitalismo o la especulación bursátil pura y dura. El capital ensayó estas alternativas por separado, o combinadas, según conveniencia: Las guerras imperialistas fueron la táctica utilizada en 1914- 1939, la intervención del Estado fue la característica del keynesianismo del 1945- 1973, y la especulación bursátil, que convirtió a la economía en un gigantesco casino, caracteriza al proceso abierto desde 1973. La especulación, es decir la búsqueda de ganancias por fuera de la economía real, tiene como base la supresión de todas las restricciones al mercado financiero, y tiene como atractivo para el capital la obtención de tasas de rentabilidad mucho más altas que las que podría ofrecer la producción industrial. Este atractivo es tan fuerte que se llegó a tener un 95% de las operaciones económicas mundiales especulativas y sólo un 5% de economía real. Fue esta extremada expansión de la economía de casino la que creó las condiciones para las dos últimas crisis mundiales, la de la explosión de las burbujas puntocom en el 2000 y la actual. Un cheque en blanco a Wall Street Toda la retórica competitiva y privatista del capitalismo se ha desmoronado frente a la amenaza de la crisis. Las más grandes empresas de los Estados Unidos, tales como la AIG, Bear Stearns, Fannie Mae, Freddie Mac, Lehman Brothers y Merril Lynch, consideradas demasiado poderosas como para poder caer debieron ser socorridas por el gobierno o nacionalizadas. En el capitalismo, si hay algo que se socializa, son las pérdidas. Los contribuyentes fueron al final de cuentas los que pagaron los platos rotos. El espectáculo es lamentable: En el seno de una sociedad caracterizada por la exacerbación de los valores de la libre empresa, un puñado de mendigos millonarios, los banqueros, son socorridos por el gobierno de Bush para que puedan continuar disfrutando de sus privilegios a costa del ciudadano de a pie. La contradicción es demasiado grande y creó estallidos de rabia en manifestaciones espontáneas. Este tipo de situaciones deben ser capitalizadas por los sectores revolucionarios, porque “cuando el mismo Estado capitalista se ve obligado a nacionalizar instituciones financieras, se comienza a generalizar una idea: ¿Para qué necesitamos banqueros y capitalistas privados?” De hecho, el que el mercado libre se vea obligado a utilizar dinero de los bolsillos de los contribuyentes para garantizar las ganancias de unos pocos, es la prueba más evidente de su total disfuncionalidad. Las consecuencias para la economía nacional Si hay algo que caracteriza a la economía mundial el día de hoy es el hecho de estar interconectada. Ya no hay economías autárquicas. Todo lo que ocurre en algún sector de la economía, o en la economía de algún país, tiene repercusiones a nivel mundial. Una crisis de esta magnitud, por consiguiente, no puede dejar de tener repercusiones, repercusiones negativas, en la economía nacional. Ya lo dijo Marx, “El fenómeno más general y notorio de las crisis comerciales es una caída súbita y generalizada de los precios de las mercancías” (Capital, Libro III, Tomo 7, 707). Cabe esperarse que una contracción en las economías de los Estados Unidos y Europa desemboque en una reducción de la demanda de la producción de soja y carne, lo que la verdad no nos amarga un dulce, pues los únicos perjudicados serán los ganaderos y sojeros, que no generan ingreso al país. Lo que sí nos preocupa es que la demanda de fuerza de trabajo en esas regiones cree desempleo en los trabajadores migrantes, que eso se traduzca en reducción de las remesas enviadas a nuestro país. Son las familias más pobres las que dependen de ese tipo de ingresos. La alternativa No hay alternativas viables para la solución de estas crisis en el orden del capital. Toda superación de la crisis exige la puesta en cuestión del sistema capitalista. En el capitalismo, todo el peso de la crisis y la reconversión cae sobre las espaldas de los trabajadores. Es que no puede ser de otra manera: Una economía orientada exclusivamente hacia la obtención de mayores ganancias para el capital, en la cual la satisfacción de las necesidades de la gente sea un simple agregado en función de los intereses de las empresas no puede dejar de generar situaciones como ésta. Sólo la sustitución del capitalismo por el socialismo nos garantizará un futuro sin hambre, crisis ni guerras. “El capitalismo mundial en crisis” Alan Woods. En Rebelión. Texto escrito por Guillermo Rojas Brítez irmão de lutas no Paraguay, gracias hermano